Cerca de la plaza del Arroyo, dejando la Catedral a nuestra espalda, en empinada cuesta se levanta el convento del Espíritu Santo, que da nombre a la calle, el primero de monjas establecido en la ciudad.
A través de un compás existente a la entrada del convento se accede al templo, que tiene portada adintelada enmarcada por un arco de medio punto con una gran concha al fondo.
Perfecta de proporciones se encuentra decorada con los mismos motivos ornamentales que se encuentran en el plateresco jerezano.
El templo, que se concluyó en 1577 según inscripción que aparece a los pies de la iglesia, es de una sola nave cubierta por tres tramos de bóvedas vahídas, y se cierra con un ábside circular coronado por una cúpula del mayor interés, en la que aparecen esculturas entre los nervios que representan el pasaje evangélico de Pentecostés.