Situado en la plaza de Escribanos, modernamente denominada de la Asunción y donde se combinan el mudéjar de San Dionisio, el neoclásico de las casas que la bordean y el renacimiento del propio Cabildo en perfecta armonía, es uno de los monumentos más bellos de la ciudad.
Según unas inscripciones de la fachada, se data en 1575 y en él trabajaron Andrés de Ribera, Diego Martín de Oliva y Bartolomé Sánchez, calificados como «maestros mayores», lo que indica la sucesión de los mismos en la dirección de la fábrica. Es difícil delimitar la intervención de cada uno de ellos en su construcción.
En la fachada, estructurada en dos volúmenes distintos, se concentra la decoración, cuya riqueza iconológica y la buena factura de sus elementos, la convierten en una de las mejores muestras del renacimiento local.
Las figuras de Julio César y Hércules flanqueadas por las virtudes cardinales en referencia a los méritos que deben adornar a los capitulares, enmarcan la puerta principal de acceso al Cabildo.